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Bodega Mendiko es una bodega familiar fundada en el año 2001 que elabora vinos ecológicos de la DO Navarra en las 14 hectáreas de viñedo propio situadas la comarca de la Baja Montaña en el Valle de Aibar. En ellas, se cultivan, con sistemas ecológicos, las variedades de Garnacha, Cabernet Sauvignon, Tempranillo y Syrah.
Cada sorbo del vino elaborado por Bodegas Mendiko procedente de las viñas de Aibar-Oibar, de producción ecológica y elaboración artesanal, transporta el espíritu a otros tiempos y lugares. A momentos y espacios, en que esta Tierra, la Baja Montaña, era el corazón del Reyno de Navarra. Te invitamos a degustar nuestros caldos, visitar nuestras viñas y conocer nuestra bodega situada entre el Monasterio de Leire, el castillo de Javier y Sangüesa.

Victorino Ibero nació en Aibar, localidad de la Baja Montaña. Tiene el alma fuerte como esta tierra, alegre como el sol, animoso como las aguas que discurren hacia la Navarra llana; activo como el viento… Su mimetismo con el paisaje que le vio nacer y crecer fueron alimentando también su amor por la Baja Montaña, su necesidad de cuidar de estos parajes y rincones; y a ello, con el transcurrir del tiempo, fue orientando su proyecto de vida.

Y es que en Aibar, y en la Baja Montaña, aun persisten usos tradicionales del suelo mezclados con cultivos de cereal y frutales de secano. El olivo, que no penetra hacia el norte más que por el portillo Leire-Izco, encuentra en la zona su terreno ideal. Cada época del año tiene un colorido diferente, como si el sol-pintor la fuera decorando con cada estación. Las viñas tiñen de verde los valles tomando el relevo al cereal ya dorado para ir tornándose en rojo intenso en los primeros días del otoño. Montes pelados aguardan los fríos días, hasta que poco a poco, las laderas de almendros en flor indican que la primavera comienza a despertar.
Así ha sido generación, tras generación, y aun hoy, algunos se afanan por conservar la belleza de esta diversidad. Victorino Ibero es uno de los herederos de una de estas tradiciones centenarias: la viticultura.

Hace cientos de años, estas tierras estaban pobladas por los Vascones, gente acogedora que recibió de buen grado las enseñanzas que los cultos romanos trajeron con sus puentes, calzadas, villas y poblados. Entre otras cosas, transmitieron a las gentes del lugar el arte del cultivo de la vid. Fue entonces cuando se empezó a hablar de Baja Montaña, una pequeña comarca configurada de suaves ondulaciones con pequeños valles por donde discurrían las aguas que bajaban desde las altas montañas; montes y prados aireados por vientos alocados que llegaban por la Canal de Berdún y contribuían a hacer un vino excepcional. Los habitantes de la Baja Montaña fueron perfeccionando, día a día, siglo a siglo, las enseñanzas recibidas y hoy ofrecen al mundo un vino exquisito, recio, diferente, afrutado y juguetón.

Victorino Ibero, como suele decir él mismo, vio como le salían los dientes en la viña. Cuando aun no levantaba un metro del suelo acompañaba a su padre, con la yegua de casa, a la viña. Allí aprendió todos los secretos de la viticultura, en esa época, hace cuarenta años, las uvas no se trataban con productos fitosanitarios, toda la química que recibían era la del cuidado constante, la del mimo, la del cariño continuo de sus amos. Allí aprendió a desforracinar, a emplear abono natural, a podar, a sermentar, a vendimiar como lo hacía su abuelo y el abuelo de su abuelo.

Años más tarde, tras diversas experiencias laborales que le llevaron por otros lugares y profesiones, decidió volver a su pueblo, a su tierra y a las viñas. Al principio, como todos los viticultores del pueblo, llevaba los frutos de su vendimia a la cooperativa local. Era una época en la que importaba más la cantidad que la calidad, la mayor parte de la gente apostaba por emplear fertilizantes y tratamientos que permitiesen grandes cosechas…

Pero él no estaba conforme. El vino que se elaboraba con estos métodos era bueno, sin embargo… iba perdiendo su identidad propia y ganando en una química que lo desvirtuaba.
Así fue como decidió emprender una nueva aventura en solitario: producir un vino ecológico, en cuya elaboración no hubieran intervenido productos químicos y el suelo, la vid y las uvas no hubieran tenido contacto alguno con pesticidas, fertilizantes sintéticos o manipulaciones genéticas.

Para ello, a lo largo de varios años, fue saneando, curando y desintoxicando catorce hectáreas de tierra, repartidas en nueve fincas situadas en el término municipal de Aibar-Oibar.
En ellas plantó viñas nuevas, de manera que se pudiera garantizar un proceso ecológico desde la plantación. Desde entonces, ha empleado para controlar la producción un sistema de poda en verde, proceso que consiste en la selección de la uva en su génesis, cuando el sol con sus rayos ultravioletas comienza a hacerlas madurar.

Es entonces cuando la cepa puede concentrar toda su fuerza en los racimos que quedan, y así incrementar las propiedades de la uva, el sabor, el color, el aroma. Empleando este sistema, Victorino, produce unos cuatro mil kilos por hectárea.

Mientras iba preparando sus viñas para llegar a este objetivo, con sus propias manos, y la ayuda generosa de algunos amigos y parientes fue levantando, en el antiguo huerto familiar, lo que primero fue un almacén agrícola y poco a poco se ha ido convirtiendo en Bodega Mendiko. En ella, actualmente, se pueden llegar a almacenar hasta cien mil litros de vino.

Desde el año 2000, salen al mercado los vinos de Bodega Mendiko, con dos señas de identidad: ser de la Baja Montaña y estar elaborados estrictamente con procedimientos ecológicos.

Premios de Bodega Mendiko 

Mendiko elegido como el mejor vino joven ecológico de 2010.

9º Concurso de Vinos de Agricultura Ecológica de Navarra-9. Nekazaritza Ekologikoko Ardo Txapelketa, organizado por la Peña Armonía Txantreana en colaboración con el CPAEN (Consejo de Producción de Agricultura Ecológica de Navarra). En dicho certamen resultó galardonado como “Mejor Tinto Joven”: el vino Mendiko Joven 2010, de Bodega Mendiko.

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